SONETO
No tus ojos en fuerte yugo, Delia,
con trigueño lazo me han a ti atado,
no el clavel en dulces labios
pintado,
ni las que emulan perlas alba
camelia,
no la que a Febo en resplandor
parhelia,
nacer hace uno y otro albor
derrocado,
no en tus pómulos el grana esmaltado,
ni la que en ti belleza excede a
Ofelia.
Fue la que en tu alma, eterna se
adivina,
venusta pureza en humana celda
(de mi negror luz siendo y alegría),
que de corona te baña divina;
la que mis días a los tuyos suelda,
la que a ti eterna enlaza el alma
mía.
Luis Varela







