A UN ALMA ROTA
Ni
el sol qu´en oro se alza
sobre
el azul del mar calmo ,
ni
el ave que al viento flores
vierte
al del alba despunte,
ni
el brillante son de la fuente
que
en cuna de esmeraldas,
aljófar
cría y plata esparce,
en
cuanto el blando cristal dilata,
ni
la regalada esencia
de
las matinales rosas,
que
de matices bellos
la
oscura loma exornan,
ni
el claro cielo hermoso
que
bajo el rociado esplendor
al
mundo baña con su reguero
garzo de luz benigna,
ni el del céfiro alado roce
que
del bosque ameno
los
glaucos follajes riza
y
las ocultas yemas descubre,
ni de la noche la próvida luna
que
con el blancor de su alada frente
al
raudo río acaricia
que
a unirse al mar corre,
con benévola calma,
tu dolor templar pueden,
ni
de tu pecho la herida sangrante
levemente
con dulzor cerrar,
ni ahogar el aullante gemido
que
la daga felona
de
una serpiente indigna,
en
tus entrañas clavó,
ni
los baldíos versos
qu´el
de mi lira sollozo,
en
doliente canto al viento
sin
vana pompa entregan,
alivio
a tu mal dar pueden;
mas, sólo así decirte sé,
que
tu dolor, daño y llanto,
conmigo
llevarme querría,
que
del agravio innoble
del
que tu lloro ahora nace,
la
sucia estela diluir quisiera,
que
del traidor golpe
que
fortuna a tus tempranas horas
con
negro horror asestó,
el tormento y la llaga hiriente
borrar y lavar quiero.
Luis
Varela






